A continuación la invitación que hacen las familias Portilla
Salazar y Rodríguez Villa al público en general , a la misa que se llevará a cabo el día 28 de agosto del presente año a las 12 de día,
en la Parroquia de San Bruno en honor
los "Mártires del 28 de Agosto de 1924" :
El barrio de San Bruno en Xalapa, es una publicación que pongo a su disposición a partir del mes de Septiembre del 2012, con la intención de dar a conocer la riqueza social, cultural e histórica que el barrio de San Bruno brinda no sólo a la Ciudad de Xalapa, sino a todo el estado de Veracruz..
Mención aparte merece la extinta Fábrica de San Bruno, donde se dieron toda una serie de hechos sociales, en los que hoy por hoy constituyen nuestro máximo legado histórico que dieron nuestros obreros textiles; por pocos conocida y ocultada por los intereses trastocados.
Mención aparte merece la extinta Fábrica de San Bruno, donde se dieron toda una serie de hechos sociales, en los que hoy por hoy constituyen nuestro máximo legado histórico que dieron nuestros obreros textiles; por pocos conocida y ocultada por los intereses trastocados.
viernes, 8 de agosto de 2014
jueves, 31 de julio de 2014
Esteban Cabrera Miranda.
ESTEBAN CABRERA MIRANDA.
(1925-2014)
Esteban de Jesús Aparicio Rentería.
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| Sr. Esteban Cabrera Miranda. |
Esteban Cabrera Miranda, uno de los últimos obreros
pertenecientes a la vieja guardia de la Fábrica de San Bruno para orgullo de
nuestro barrio. Nacido en “La Bolsa de Diablo”, patio anexo a la fábrica
textilera un 2 de enero de 1925; falleció el día 21 de junio de 2014 a la edad
de 89 años.
Es en el año de 1941 cuando el joven Esteban Cabrera ingresa a trabajar en la antigua fábrica de hilados y tejidos de San
Bruno; tenía 16 años de edad. Se inicia como aprendiz en el departamento de Preparación de Hilados,
con un sueldo de $1.50 diarios.
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| Esteban Cabrera Miranda al lado de su padre, el Sr. Atanasio Cabrera. |
El 10 de junio de 1952 contrae nupcias con la compañera
de toda su vida, la Señorita Artemia Hernández Espinoza, con quien a la postre,
formó una de las familias más
representativas del barrio de San Bruno. De esta unión, nacieron Esteban, Magdalena, Julio y Carlos; fuentes de
inspiración y orgullo para el Sr. Esteban Cabrera.
Como buen vecino responsable y participativo, fungió en dos ocasiones como Agente Municipal de lo
que antes fue la congregación Andrés Montes (hoy San Bruno) .Durante su
trayectoria laboral que fue de 44 años, participó activamente en la Banda de Guerra, y tuvo una
destacada participación en el beisbol, donde resulto en varias ocasiones campeón
con el equipo de San Bruno. Como secretario de deportes se destacó promoviendo
el beisbol a nivel infantil y juvenil.
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| Equipo de beisbol San Bruno. Sr. Esteban Cabrera, hincado (segundo de izq. a der. ). |
El Sr. Esteban Cabrera Miranda se jubila de la fábrica de
hilados y tejidos el 2 de enero de 1985
a la edad de 60 años. El Barrio de San Bruno le rinde homenaje a quien formó
parte de nuestra historia. Honor a quien honró a sus mártires.
Aquellos Militantes.
Inocencio Castañares.
Enumerar su vida es fácil, recordar fechas tiene su
chiste, pero hilar los hechos ya es otra cosa. Apenas podemos desprendernos de
su imagen seguramente impulsada por ese dínamo que es su esposa, mujer
incansable, de una energía que seguimos envidiando los veinteañeros.
O bien, cómo no recordar su imagen plena de satisfacción
acompañando a sus hijos en su entrega deportiva, indiscutiblemente Esteban,
Julio y Carlos tienen un lugar, pero seguramente disfrutó en forma especial la
participación de una de las pioneras del futbol femenil en el barrio –Malena-.
Psu… estirpe de triunfadores nada más.
Familiar político de Heliodoro Hernández Trujillo, quien
fungiera como Secretario General del Sindicato, de quien ya nos hemos ocupado
en otras ocasiones, nos deja una enseñanza muy importante: no hace falta seguir
ideologías de moda, también cuenta encauzar toda la capacidad creadora pacífica
para alcanzar niveles de bienestar que trasciendan, que sean los pilares, los
cimientos en que se apoyen sus seres queridos, no tan sólo familiares cuyo
vínculo amoroso es innegable, sino también para aquellos que lo rodearon en un
estrecho círculo de entendimiento cuajado de realizaciones.
Al margen de lo anterior, su estabilidad emocional le dio
la fuerza para comprender que las metas oníricas inalcanzables, etéreas como
los ideales producto de las porquerías que se meten por salva sea la parte, son
para seres sin objetivos de progreso metidos en cartabones de rebeldía
insultante para la gente de razón, para la gente que tiene cierto que hay que
pedalearle para alcanzar el sustento diario.
Quienes lo conocimos le damos gracias al Dios de nuestros
padres por habernos concedido la dicha de haber disfrutado su compañía, de la
sabiduría que le dio el tesón, el trabajo, la cual prodigaba en el tema que uno
le inquiriera con la sencillez de una conversación cotidiana sin afectaciones
mesiánicas, pero eso sí certera, precisa. No era parco, pero su sonrisa no era
moneda de cambio.
Creo que San Bruno conoció las generaciones de los
antiguos, de los viejos, la de los jóvenes y la de los nuevos. Y a la distancia
nos sobrecoge la envidia, la ambición de saber cómo le hicieron esos viejos
para empujar el carrito de la historia en el mar turbulento de las vicisitudes
¡vaya hasta de cerrarse su fuente de trabajo! Sólo como una metáfora de la
desgracia para alcanzar un puerto firme, sin menoscabo del amor entrañable al
terruño, a este solar que sólo conoce de entrega fecunda.
A la naturaleza no se le regatea lo que es de ella. Descanse
en paz don Esteban.
Fotografías proporcionadas por la familia Cabrera Hernández.
martes, 22 de julio de 2014
Oliverio Gutiérrez Barrientos
Grandes Misterios de San Bruno.
Juan José Llanes Gil del Ángel.
Sobreviviente del asalto a San Bruno.
Vivencia de Oliverio Gutiérrez Barrientos, un hombre sin
homenajes, pero feliz.
diciembre 9 de 1997
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| Sr. Oliverio Gutiérrez Barrientos. |
Si el 28 de agosto de 1924
Oliverio Gutiérrez Barrientos no se hubiera escondido entre las máquinas de la
fábrica de San Bruno, la historia de cómo ocurrieron los hechos o su vida misma
jamás se habría contado… Porque al no hacer caso a Ezequiel Alatriste – quien le
pidió que lo acompañara a ver cómo se llevaban al resto de los obreros- y la
falta de valor de los gavilleros que asaltaron la fábrica, quienes no se
metieron entre los telares, don Oliverio se salvó.
Ahora, a más de setenta años
de distancia, en la quietud de su casa en la colonia 21 de Marzo, Oliverio
Gutiérrez Barrientos describe sus aficiones ( la pintura, el dibujo, el tallado
de madera), su orgullo de ser padre, abuelo y bisabuelo, así como la anécdota
que le marcó la vida: estuvo en el lugar incorrecto, en la fecha equivocada, a
la hora trágica en que murieron casi una veintena de personas – incluyendo a un
panadero y dos lecheros – durante el asalto a la fábrica textil de San Bruno.
Él vivió para contarlo.
En aquellos
<<tejedistas>> tiempos, los obreros llegaban armados a su centro de
trabajo para proteger a la fábrica de las gavillas que asolaban la región y que
encabezaban Uriel Martínez, Antonio Virués, Ricardo Arenas y David Franzoni; pero aquel 28 de agosto les
quitaron los máuser y las 30-30.
Dn Oliverio especula frente
al entrevistador sobre la <<repartición de responsabilidades>>; a
fin de cuentas si los textileros hubiesen estado armados…Los terratenientes tenían
miedo de los sindicatos obreros, de los campesinos; temían que les quitaran sus
fincas y por eso pagaban a guardias blancas, que además asaltaban y robaban.
Entre los mismos facinerosos
había problemas, disputas de poder, peleas por las armas; la fábrica era un
objetivo de asalto, sobre todo por la gran cantidad de pistolas y carabinas que
los trabajadores traían. Armas que ese
día los patrones – por alguna razón desconocida – les prohibieron meter a la
textilera y que el obrero Oliverio Gutiérrez escondió en su casa.
Don Oliverio recuerda a los <<Zaldo
Hermanos>> y a los <<Rivera>> como patrones, y por lo menos
doce gerentes y administradores; comenzó desde abajo – como barrendero - y llegó a ser jefe de almacén de refacciones. Sindicalista también, alcanzó
el liderazgo del Sindicato Industrial de Empleados Textiles del que fue
Secretario General en 1946, el cual agremiaba a los obreros de las fábricas de
San Bruno, El Dique, La Purísima y la Fama. También fue parte del equipo de
Morones en los incipientes años de la
CROM, como secretario del Exterior del Comité Central.
Los inestables años veinte
trajeron consigo, no obstante, la prosperidad
de las textileras; las telas de San bruno se distribuían en Uruguay
número 25, en la ciudad de México, asiento de <<Zaldo Hermanos>.
Oliverio, joven y soltero por aquellos tiempos, vivía en Lucas Martín con sus
padres y hermanos; le había tomado gusto al oficio que desempeñaría para
sobrevivir, luego de haber sido ayudante de telares en la fábrica La Criolla,
cuando era niño.
Acostumbrado a hablar sobre
la fábrica de San Bruno y de la matanza de aquel aciago 28 de agosto, don Oliverio, con sus noventa y
un primaveras recuerda con nostalgia que la prensa, hasta hace algunos años todavía,
acudía a él para que les contara la anécdota. Ahora ya no.
Probablemente su sorpresa
responda a que la historia de la fábrica y del barrio sólo nos interesa porque
forma parte de la suya; vamos por su
historia – le digo -. <<Háblenos de usted.>>
Entonces don Oliverio, veloz
todavía, abre un cajón de trinchador de la sala y saca fotos, oficios, recortes
de periódico; muestra sus trabajos de madera incrustada, el bastón que se hizo
con madera y bejuco, el retrato de sus
nietos en Arlington, la credencial que lo acreditaba como corresponsal del
periódico El Nacional en 1934, su diploma por haber servido en el Ejército en
1942, los oficios que firmaba como líder sindical…
Tres fotografías guarda con
especial afecto: la suya a la edad de seis años, tomada en 1912 por
<<Jiménez, el único fotógrafo que había en Xalapa>>; otra que le
dedica a su esposa en 1937 y la de su boda en 1940.
Recuerda con cariño a don
Juan E. Longuet -a quien respetuoso
llama <<mi maestro>> - y
con rabia la manera en la que acaba sus
días el ilustre educador: <<abandonando en Coatepec, requiriendo ayuda
para cruzar la vía del tren Xalapa-Teocelo>>.
Sin tanta veneración, pero
con nostalgia, hace memoria de sus compañeros del Instituto Xalapeño – aquel que
estaba en la calle de Belén, hoy Lucio-, entre ellos Carlos Lascuraín, José
Tanos, Manuel Nogueira y otros cuyos nombres ahora llevan las placas de las calles.
Allí en el Instituto –al que
lo llevó su padrino Rafael Jiménez, sobrino de Juan E. Longuet- don Oliverio
tomó lecciones de Instrucción Moral, Urbanidad y Buenos Modales, Lectura
explicada en prosa y verso, Gramática castellana explicada, Aritmética
elemental, teórico-práctica y mercantil, teneduría de libros… <<y
dibujos>>, agrega contento, cuando muestra fojas amarillas ( de 1919 y
1920) con dibujos a lápiz.
En la pasta del folleto que
ilustraba al instituto se leían los costos:
los internos pagaban sesenta pesos, los semi-internos cincuenta y los externos
seis pesos. Don Oliverio aclara que él sólo pagaba cinco, gracias al maestro
Longuet, pero eso no lo hace sentirse
menos porque <<eran pesotes de oro>> que se los devolvían
por hacer, entre otros servicios, el de mozo en la casa del dueño del
instituto. Años más tarde él escribiría y publicaría la vida de Longuet.
Bravo como sindicalista,
muestra los recortes de prensa en los cuales fustigó a los nuevos dirigentes
sindicales. Comenta que participó en la planilla de Morones en la CROM. Es de
recordar la frase aquella que circulaba durante los años del boom sindicalista,
aludiendo a las siglas de la Confederación Revolucionaria de Obreros de México:
Cómo Roba Oro Morones, a la que los trabajadores
respondían volteando las siglas:
Más Oro Roba Calles…
-
¿ Es cierto que Morones era mala gente…?
-
Tan malo como todos los que hay ahora…
Ahora , viendo morir al
siglo que junto con él nació, da la impresión de que sobrevivirá también el fin
del que le sigue. Cobra su pensión de 800 pesos como jubilado desde 1970. Fue
amigo de todos los que cayeron en la fábrica de San Bruno, y aun cuando no hay
calle que lleve su nombre don Oliverio Gutiérrez Barrientos es feliz; sobre todo
porque está vivo.
domingo, 20 de julio de 2014
ALBERTO CALDERÓN CÓRDOBA
GRANDES MISTERIOS DE
SAN BRUNO
Inocencio Castañares
Vivencia de Miguel
Ángel Tirado Calderón
Julio 12 de
2014
Don Miguel Ángel Tirado Calderón, “La historia oficial es la que conozco”
28 de agosto de 1924
Hace
setenta y cinco años nací en lo que se conoció como Lucas Martín, aún dentro
del municipio de Banderilla, Ver., aunque desde los cuatro años 1943 llegué a
radicar a la entonces congregación 21 Marzo perteneciente a Xalapa, siendo en
1957, precisamente el 8 de mayo, cuando ingresé a la Fábrica de Hilados y
Tejidos de San Bruno, hasta el año de 1991 en que me separé por invalidez y fui
pensionado.
Sobre
la masacre del 28 de agosto de 1924, poco puedo decir más que la historia
oficial dado que el lapso de quince años, de 1924 a 1939 año de mi nacimiento y
de treinta y tres de mi ingreso, nubla un poco el entendimiento, refrescado
únicamente por el homenaje que año con año se realizaba.
De
ahí que recuerde que fueron asaltados por malhechores cargándolos de rollos de
tela producidos en la factoría, los cuales debieron tener un diámetro de 50
centímetros, un metro de ancho y alrededor de 30 kilogramos, la forma en que
pudieron haber soportado su peso es escalonándose, es decir una distancia lo
llevaba uno y otro tramo un compañero más. O de uno por obrero y apurándolo. Se
los llevaron para esconderlos. Son robos y la mercancía quién sabe dónde quedó.
Buscaban al producto.
Era
una gavilla de malvivientes a eso era lo que se dedicaban, no creo que hayan estado
al servicio de terratenientes, no sé cuántos hayan sido. Lo que permitió
tomarlos indefensos es en gran parte el sonido que no permitía oír lo que
pasaba en el exterior, además de los sorpresivo.
Respecto
al camión de la fábrica que transportaba el petróleo del Callejón del Petróleo a ese centro de trabajo, manejado por Ramón
Fernández, sí lo conocí cuando llegué pero se veía que ya no hacía nada,
ignorando si le pagaba la empresa o no. No se si de verdad participó en el
asalto.
De
acuerdo a mi experiencia, no encaja lo de los mártires pues no murieron por una
causa noble, simplemente los mataron adrede. No entiendo la razón por la cual
los llamaron así.
En
cuanto a una de las fuentes documentales como es el libro que hicieron los
obreros de San Bruno, preciso que la fábrica “La Claudina” como la mencionan,
no estaba en Lucas Martín sino en Los Molinos - Perote y en Lucas Martín se
estableció “La Criolla”.
De
mi tío Alberto Calderón Córdoba, se que fue hijo Pedro Calderón, al parecer
comerciante, y de Micaela Córdoba. Supongo que nació en Lucas Martín, a su
muerte contaba con 24 años de edad aproximadamente, era bajito tal vez 1.60 m, sólo
tuvo una hija Ángela Calderón, que ya no conoció por haber nacido también en
1924 pero en octubre, quien vive en México, D.F. y a la fecha cuenta ya con 90
años. Y hasta donde estoy enterado no fue comunista.
Por
mi parte ya no lo conocí, pues mi nacimiento ocurrió quince años después, en
1939, ignorando cuál era su ocupación como obrero.
Es
difícil que yo conozca o hay oído de familiares no porque yo no me crié por
allá, en tanto que de la 21 no hubo mártires. Y sobre el comunismo ha habido
temor de hablar de él so pena de echarse encima al gobierno y desconocer la
doctrina.
Se
dijo que Adalberto Tejeda Olivares era comunista y que estaba en contra del
clero.
miércoles, 16 de julio de 2014
¡LÁRGUENSE VIEJAS! ¡VÁYANSE!
Grandes misterios de San Bruno.
Inocencio Castañares
Vivencia de Otilia
Castañares Vásquez
Julio 14 de
2014
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Manuela Vásquez Nava y Otilia Castañares Vásquez
|
“Me platicaba mi
mamá”
28
de agosto de 1924.
“Eran
como las diez de la mañana –recuerda mi mamá Manuela Vásquez Nava-, yo estaba
lavando en los lavaderos de “La Bolsa”, cuando de pronto empezaron a llegar
muchos, pero muchos ‘guerrilleros’ con armas, qué se entiende carabinas, y
gritándonos ‘¡lárguense viejas!’, ‘¡váyanse’,
que fue la voz de arranque para todas las que estábamos en ese lugar. Yo me fui
volada para la casa llegando a mi cuartito para abrazar a mi hijo Timoteo
Hernández Vásquez quien estaba pegado a la pared muy espantado pues hubo muchos
disparos y escándalo, sin que volviera yo a salir por eso no me di cuenta del
tiempo transcurrido en que se fueron los facinerosos.” Qué incongruencia al
ahuyentarlas los pistoleros les salvaron la vida.
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| Sr. Timoteo Hernández Vásquez |
De
momento “no acataron” a que se debía ese desorden, al tranquilizarse, el saldo
no pudo ser más desgarrador. Como todo era reciente no podían precisar a
cuántos obreros se llevaron los delincuentes, pero sí se enteraron que la gran
mayoría había logrado huir, entre ellos recuerda a su compadre Rómulo García Falfán
quien se escondió en el río; de la muerte de un panadero que pasaba por ahí
(Fidencio Ocaña); uno más, Alberto Calderón, del cual platicaban sus familiares
que era un jovencito de dieciséis años a quien asesinaron a balazos por irse a
asomar a ver lo que sucedía desoyendo los consejos en contra (Sobre este hecho bueno es consignar que doña
Tila no vivió los hechos sólo es testigo de oídas).
La
versión de que iban borrachos los agresores fue confirmada porque antes del
arribo a la fábrica, los maleantes asaltaron la tienda de don Manuel Norato
ubicada en la orilla de enfrente a la factoría ¡llevándose todas las botellas
de licor! Y por esa razón su agresión fue desordenada pero sumamente
sangrienta. Más adelante se encontraba la carnicería de don Ruperto Cortés, la
cual no molestaron.
A
la distancia se impuso la versión de que había sido un asalto, pero en la época
cercana a esa agresión prevaleció la creencia de una represión a los obreros
por su filiación comunista.
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| Sr. Ruperto Cortés |
Un
incidente curioso fortalece esta idea: por el lugar por donde está ahora la
iglesia consagrada a San Bruno se encontraba el señor Ángel Martínez, obrero,
afecto al alcohol, que al ver el impresionante grupo de individuos que se
acercaban accionó su carabina hacia arriba en varias ocasiones a la vez que
gritaba “¡AHÍ VIENEN LOS SOLDADOS!”
Otra
más fue que se rumoraba insistentemente que a los obreros los habían armado,
sin precisar quién ni la razón, pero ese fatídico día no llevaban esas armas.
Coincidencia mortal.
Tampoco
se ha logrado aclarar si fue asaltada la administración, el local pues, o
alguno de sus empleados, ni el tiempo que duró esta insensatez.
miércoles, 9 de julio de 2014
Un asalto mimetizado.
Grandes Misterios de San Bruno
Inocencio Castañares.
Vivencia de Alejandro Hernández Ortíz
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| Don Alejandro Hernández Ortiz, “Confieso que fue lo que verdaderamente oí” |
En
rededor del año sangriento de 1924 y en éste mismo, hubo una inusitada
actividad comunista en el país a la cual San Bruno no fue ajeno, incluso las
consejas populares atribuían el nombre de la “Bolsa del Diablo” a que eran los
comunistas quienes ocupaban esa cuartería destinada a los obreros de la fábrica
textil. No era extraño escuchar “Arriba el Partido Comunista”, “Arriba Lenin”,
“Arriba Rosa Luxemburgo”.
Tiempo
fértil para la calumnia parió la acusación de que los obreros textiles estaban
armados, produciéndose un peligroso caldo de cultivo para la represión, pues en
ese tiempo el gobierno atacaba mucho a los comunistas. Las únicas armas con que
contaban nuestros familiares trabajadores, eran su peine para desenredar
tejidos, tijeritas y navas, simples herramientas de trabajo, que sólo servían
para espantar el sueño dado su inocuidad.
Platicaba
mi abuelita Rita Huerta que fue entre las 11 y las 12 horas de la mañana,
cuando se suponía que los obreros estaban en plenitud de sus labores,
totalmente concentrados, sin grandes posibilidades de escuchar algún sonido del
exterior por el intenso ruido que producían las máquinas; divididos en varios
grupos y por diferentes accesos penetraron al edificio los facinerosos que
comúnmente se conocían como los “Rebeldes”. Por el frente, por la loma, por la
entonces vía del ferrocarril ahora Ruiz Cortines.
Por
aquel tiempo, al frente del edificio estaban cuartos-habitación para obreros,
que con la modernización desaparecieron; en tanto que atrás estaba la fábrica,
los lavaderos y la “Bolsa del Diablo”, que no tan sólo eran viviendas sino
también escondite. Ahí llegaban comunistas de varias partes de la república los
despatriados de otras partes por haber cometido algún delito y les decían “te
vas a Orizaba”, “te vas a Xalapa.” Toda la zona fabril del estado pertenecía a
esa doctrina, era una corriente muy fuerte.
En
cambio, los “Rebeldes” estaban al servicio de los terratenientes, dueños de
grandes extensiones, temiendo que los comunistas se los quitaran. Y en esa
ocasión se supone que se juntaron más para el asalto. Si bien es cierto que por
ese tiempo se hablaba de la “Mano Negra” o de guardias blancas, como grupos de
pistoleros al servicio de terratenientes, lo que yo recuerdo es que a los
asaltantes de la fábrica se les conocía como los “Rebeldes”.
Más
de cien trabajadores componían el total de la fuerza laboral, que se hicieron
trescientos ochenta y dos con la modernización. Se trabajaba en dos turnos, uno
de las 8 de la mañana hasta las 5 de la tarde, el otro de las 5 de la tarde a
las una de la madrugada. Por tanto serían cerca de cincuenta compañeros que
componían el turno cuando se suscitaron lo hechos.
A
pesar de la sorpresa muchos se “juyeron”, otros se escondieron en los cuartos
de las calderas, unos más se escaparon por el río o por donde “Dios les dio a
entender”, y por eso nada más agarraron a diez. Mi padre Gonzalo Hernández
Huerta, logró salvar la vida escondiéndose debajo de su telar que tenía huecos
que le permitieron ocultarse y como los supuestos asaltantes recorrieron todo
rápido sin poner suficiente cuidado, pasó desapercibido. Él trabajaba como
tejedor en el turno matutino.
Por
aquellos días, la fábrica contaba con un camión viejo del cual no recuerdo la
marca pero le llamaban “La Güichita”, conducido por Ramón Fernández, de origen
español; era utilizada en cargar el petróleo para la fábrica; asimismo,
transportar la producción de tela ya terminada a la “Casa Olivier” que se ubica
aún en la esquina de Enríquez y Leandro Valle en el centro de Xalapa,
negociación que tiene muchísimos años de existencia.
Con
la producción de telas formaban rollos con un diámetro aproximado de 50
centímetros y entre 80 o 90 centímetros de ancho, tal vez con una longitud de
100 a 50 metros, de entre 30 a 40 kilogramos, porque se trataba de telares de
la fábrica vieja.
Sí
se trató de mártires porque fue una masacre, estaban indefensos, el panadero no
traía armas sólo pambazos o bolillos. En realidad sí fue dramático.
Difícilmente se puede pensar en un asalto pues calculo que cada persona podría
cargar entre dos y tres rollos, por un corto período de tiempo, por ello fue
que cargaron la “Güichita”. Aunque no se sabe cuál iba a ser el destino, la
orientación fue hacia la Luz del Barrio o Tlanelhuayocan ¿cuál nicho de mercado?
Ni el precio sabían los agresores; puede presumirse en consecuencia que unos
cuantos metros los venderían en los pueblos aledaños y lo demás repartirse
entre ellos. Definitivamente lo conseguido no fue redituable para considerarse
un asalto en forma, por lo demás fueron telas en bruto, aún no aptas para su
comercialización.
Algo
más llamó la atención. El camino que tomaron era para las bestias de los
arrieros donde transportaban madera que con el constante recorrer hicieron
zanjas y en una de ellas se sumió el camión al orillarse en el camino que no
era para carros. Ahí se atoró sin poder avanzar más, dejándolo en libertad y
entonces sí cargaron a los obreros.
Tiempo
después un sujeto que dijo ser de los pistoleros, dio informes en el sentido de
que a los obreros los llevaron a Plan de Naranjillo, localidad de la
congregación de San Antonio Hidalgo, del municipio de Tlanelhuayocan, cavaron
sus fosas que fueron dos hoyancos y los balacearon, arrojándolos al interior,
unos moribundos, heridos o muertos. Los guió y encontraron puros huesos pues ya
tenían un año. No se explican cómo llegó ese individuo cómo les dio informes y
cómo no le hicieron nada. Hasta se pensó que le remordió la conciencia.
Nací
el 26 de octubre de 1921, la narración de los hechos la conocí muy de cerca, no
fue registro documental sino tradición oral, sólo agrego que la calle principal
del barrio se conocía como Calzada de San Bruno, después de la masacre avenida
Mártires del 28 de Agosto y que al nombre de uno de los mártires es José D.
Hernández, aún joven cuando le arrebataron la vida.
De
lo relatado pienso se desprende que no hubo complicidad de la administración de
la fábrica, tal vez tolerancia a una decisión de los grupos de poder de la
época, buscando desterrar el comunismo en esta región como hechos subsecuentes
lo demostraron. Significativo o no, las labores en la factoría no se
interrumpieron.
miércoles, 2 de julio de 2014
El Héroe Anónimo : Andrés Montes.
Ignacio Lara Hernández
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| * Andrés Montes Cruz |
Al tratar de rescatar uno de los nombres que ha tenido nuestro terruño,
para de esta forma enaltecer su memoria es sin duda Andrés
Montes . En la página 9 del libro “Datos
Históricos de Nuestro Sindicato Emancipador Revolucionario de San Bruno”, dice :
“La Fábrica de Hilados y Tejidos de San Bruno, situada desde un principio
en la congregación de “Molino de la Pedreguera” perteneciente al municipio de
Xalapa, Veracruz (éste era el nombre de la congregación en aquellos días, hoy
‘Andrés Montes’), que se localiza al Noroeste de esta ciudad capital.”
Recordemos que el libro del
sindicato textilero se publicó en 1989 y en éste, todavía se refería en ese
año al Barrio de San Bruno como la “Congregación Andrés Montes”. Pero este no es el único ejemplo, ya que al barrio
también se le conoció como Molino de San Roque y muchos años antes Molino de Pedreguera (nombre por el que fue conocida la hacienda ubicada en este lugar). Aquí curiosamente cabe
señalar, que nadie de la vieja guardia del barrio supo decirme quién fue Andrés
Montes, ni desde cuando se le empezó a llamar de esta forma.
Pues bien, el pasado fin de semana nos enteramos de la existencia de uno de tantos héroes anónimos de la gesta heroica
en Veracruz de 1914. Ni tarde ni
perezoso apenas llegué a mi domicilio, indagué de quien estábamos hablando y mire
usted lo que a continuación pude encontrar:
Su nombre completo fue Andrés
Montes Cruz, y fue un héroe de carne y hueso
que participó con decisión y patriotismo el día 21 de abril de 1914 en la heroica defensa del Puerto de
Veracruz ¿Pues qué hizo para merecer tal honor?
Dentro de los apuntes del Coronel Manuel Contreras de la intervención norteamericana en Veracruz (1914) y que podemos encontrar en el libro de Justino N. Palomares: “La invasión yanqui en 1914”, se encuentra lo siguiente:
Dentro de los apuntes del Coronel Manuel Contreras de la intervención norteamericana en Veracruz (1914) y que podemos encontrar en el libro de Justino N. Palomares: “La invasión yanqui en 1914”, se encuentra lo siguiente:
“Andrés Montes Cruz. Maestro carpintero. Pertenecía al Cuerpo de
Voluntarios de Veracruz. A la hora del desembarque de los primeros soldados de
infantería de Marina, corrió a las puertas de las galeras de la Prisión Militar
y reclamó su arma y parque y marchó con la pequeña columna a mis órdenes. Al
llegar al Portal de la Parroquia, como salieran los primeros grupos, Montes
tomó el mando de uno, y así llegó hasta la esquina de Hidalgo y Lerdo a donde
vivía su familia y según refieren los que lo acompañaban, los abandonó por unos
instantes para irse a despedir de su esposa y de sus hijitos, a quienes
escribió en una botica una especie de testamento, regresó en seguida,
dirigiéndose con los suyos por las calles de Arista, para entrar en las de
Zaragoza, pues según se le había ordenado, que perdiera el contacto con las
fuerzas que defendían los portales y calles inmediatas, para que él y los suyos
prestasen su contingente en los puestos menos defendidos.”
“Habían pasado dos horas cuando un paisano
del grupo de Montes regresó con la noticia de que Montes se encontraba
gravemente herido. Se nombró una pareja de voluntarios en la que iba Víctor
Velasco y en un catre que proporcionó la casa comercial "La Norma",
fue conducido casi moribundo al Hospital Militar, donde lo recibió el doctor
Arcadio Ojeda. Estos hechos pasaban como a las siete de la noche del 21 de
abril. Instantes después falleció el patriota Montes Cruz, enviándose su
cadáver con otros al Hospital de San Sebastián.”
María
Luisa Melo de Remes, en su libro “Veracruz
Mártir”, consigna el testimonio de Aurora Montes (una de las hijas de
Andrés); por lo que ahora sabemos qué fue lo que escribió en esa farmacia, y además, cuáles fueron las palabras dirigidas a su hijo menor:
“Hijo mío: si algún día vuelve a repetirse esto que está pasando ahora,
defiende a tu patria como lo estoy haciendo yo. Tu padre, Andrés Montes”. Y
es que lo más trágico del asunto fue que Andrés Montes tenía 6 hijos y 35 años
cumplidos al momento de su muerte.
Y abundando más al respecto, ante
los ruegos de su esposa para que no saliera más de su casa, Andrés Montes
exclamó: ahorita no tengo madre, ni
esposa ni hijos. Sólo veo que tengo una patria muy linda y tengo que defenderla
de la infamia yanqui. Este héroe del pueblo cayó a las ocho de la noche de
ese día, con el estómago perforado por una bala expansiva en la esquina de las
calles de Arista e Independencia.
En la lucha por la defensa del
puerto de Veracruz en 1914, es necesario
aclarar que no fue el Ejército Mexicano quien defendió a la patria, sino el
pueblo veracruzano y la Heroica Escuela Naval, quienes se volcaron al propagarse la noticia del
desembarco por parte de los invasores. Es por ello que Gilberto López y Rivas
en un artículo de La Jornada del 21
de abril del 2014 “A un siglo de la Invasión de EU a Veracruz”, mencionaba: “La lucha por la soberanía, a la cual han
renunciado los actuales gobernantes, se dejó sentir de otras formas. Sectores
importantes de la población no se plegaron a las amenazas y los ordenamientos
del gobierno militar impuesto por los invasores. En contraste con esta actitud
valiente y digna, empleados municipales y de aduana, comerciantes y algunas
familias de la burguesía porteña colaboraron activamente con el enemigo, recibiendo
el repudio y el desprecio abierto de la mayoría de la población veracruzana.”
Y concluye diciendo López y Rivas,
“que los veracruzanos fueron héroes
anónimos, sin lápidas ni monumentos que honren su memoria. Es más, varias de
las placas que recordaban a las víctimas de la intervención yanqui en el muelle
y en otros lugares del puerto fueron destruidas por autoridades municipales en
un esfuerzo continuo por negar al pueblo su lugar en la historia: borrar todo
aquello que fortalezca el espíritu antimperialista de los mexicanos.”
Finalmente, quisiera terminar
diciendo que existe la enorme posibilidad de que los obreros que vivían en la Congregación
Molino de Pedreguera, después de que formaran legalmente su sindicato (1919) y
luego de que recibieran la tierra
(1921); decidieron cambiarle el nombre
al poblado, para hacerle honor a un
proletario que se llenó de gloria en la defensa del puerto de Veracruz. Con
ello, borraban para siempre lo que hasta ese día había significado una de
las formas más terribles de explotación en México: la hacienda.
* La fotografía del Sr. Andrés Montes Cruz, estuvo circulando por las redes sociales durante los festejos del centenario de la defensa del puerto de Veracruz.
Referencias bibliográficas:
-Veracruz Mártir: La infamia
de Woodrow Wilson (1914). María Luisa Melo de Remes. México. Edición de la
autora, 1966.
-Datos históricos de nuestro sindicato emancipador
revolucionario de San Bruno
Xalapa, Ver; 1989 Editora del Gobierno del Estado de Veracruz. pags, 9- y 12
Xalapa, Ver; 1989 Editora del Gobierno del Estado de Veracruz. pags, 9- y 12
-La invasión yanqui en 1914.
Justino N. Palomares. D.F. 1940
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